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Historia de la música

La música del Renacimiento en el siglo XVI

Viernes, 11/05/2018

Casi Europa entera produce el mismo estilo de música y los compositores evolucionan con ella. En Italia sin embargo la música evoluciona por otra rama distinta, una nacional y personal. La misma que había tenido en otros aspectos artísticos, ahora llegaba también a la música. Esto fue debido, como ya explicamos en el artículo anterior, a la situación de los compositores que rodeaban la corte papal y que se movían con ella de un lugar a otro.

En Francia aparece la chanson française. Se trata de un paso adelante desde la polifonía europea precedente que destaca mayoritariamente en Francia, por lo que la consideraron un producto nacional, y fue adaptada por las otras escuelas de música europeas. La chanson française apenas tiene que ver con las baladas, virelais y rondos; es otro estilo, un estilo más popular, y aquí está la explicación: de manera casi unánime hablamos de una polifonía de tres voces masculinas y una femenina, y expresa mucho más el ritmo que la melodía, imita reducidos grupos de notas, silábica y repite palabras con el afán de producir bonitos efectos musicales.

El considerado gran maestro de la chanson française, Clément Janequin, es bastante desconocido en sus detalles particulares, se conocen tan solo los de su obra. A pesar de ser eclesiástico, escribió numerosas canciones creativas con variada temática, algunas con textos muy eróticos.

Claudin de Sermisy, otro eclesiástico, también compuso canciones sin atreverse a evolucionar como lo hizo Janequin, y tampoco a crear textos provocativos, sino más líricos.

En cuanto a la temática musical religiosa, ésta había quedado arrinconada desde principios del siglo XVI por el éxito de la chanson française y porque la composición religiosa tenía unos estándares más fijos y apretados y a pesar de las buenas composiciones, sus autores terminaron siendo considerados como creadores en escuelas de música de segunda categoría. Ya todo giraba alrededor de la corte, ésa era la tendencia.

En Italia tampoco fue distinto. Sus compositores sin embargo no marcharon a otros países a perfeccionarse sobre las tendencias contemporáneas e improvisaron las suyas propias. De ahí apareció la frottola, una música rústica y provinciana que se intentó pasar por una de gran calidad, y que por cierto funcionó, o al menos tuvo su éxito en el país.

La frottola sobre una melodía similar tiene distintas estrofas de seis u ocho versos y un estribillo que repite los dos primeros y los dos últimos y es cantada a tres o cuatro voces, una de ellas superior a las otras que la acompañan. Se acompañaban de un laúd aunque también se cantaban a cappella. Una variante fue el estrambote. Su éxito fue tan sorprendente como efímero. Hacia el año 1530 perdía peso y era sustituída por el madrigal del siglo XVI.

El madrigal que existió en el siglo XIV de la ars nova era un poema pequeño en estrofas de dos o tres versos sobre una melodía única y contínua que es cortada por un estribillo. Sin embargo, el madrigal del Renacimiento es un poema donde no se repiten las estrofas y no hay estribillo. Es cantado a tres, cuatro o cinco voces. El ritmo sólo cambia según el sentido del texto y se mantiene siempre fiel a él. Y a veces la calidad literaria de los madrigales llega a ser espectacular. Algunos primeros compositores madrigalistas vienen del norte, como Adrien Willaert o Jacques Arcadelt, aunque sus composiciones son bastante primitivas. Hacia 1550 los italianos destacan por su número y calidad. Lo inicia Niccolo Vicentino, un discípulo de Willaert. Y su máximo apogeo lo traen Roland de Lassus, nacido en Valonia, y Palestrina.

El movimiento de compositores que se desplazaron al norte de Europa (lo que es ahora el norte Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) según la moda y el éxito musical del momento, cambia de dirección lentamente. Los mejores compositores de aquella parte del continente abandona su hogar y se dirijen a Italia, dejando un yermo en su país de origen. Sin embargo, a finales del siglo los madrigalistas son todos italianos, encabezados por Marenzio, junto a su rival Gesualdo. Otros como Ingegneri, es más conocido por su alumno más adelantado: Monteverdi. El madrigal contó con muchas variaciones a lo largo del tiempo y murió cuando aparece la ópera, un teatro musical, nacido también en Italia.

Roland de Lassus nacido en el norte y de lengua francesa, abandona su país y marcha a Italia donde vivirá en Milán y Roma. Expone una gran expresión musical en sus composiciones. Muy fecundo y con gran volumen de obras religiosas. Lassus lleva a su última cumbre a la polifonía religiosa del norte. También es considerado un maestro de la chanson française.

Palestrina nace cerca de Roma y fue contemporáneo de Lassus. Trabajó como funcionario y se movió por los círculos eclesiásticos de manera holgada y tranquila. Uno de sus discípulos fue el español Tomás de Victoria. Sus estudios comenzaron con el canto y los polifonistas francófonos, para más tarde pasar a componer y ser maestro de capilla. Su obra aporta 115 misas, 600 motetes y otras muchas variadas como madrigales, salmos... A pesar del enorme éxito que ganó en su tiempo y en muchas décadas después, comparado con los madrigalistas parece un compositor fijo que no acepta las tendencias y se agarra a su estilo. Su técnica magistral reside en la melodía que es inigualable y de la que destaca sobre los demás por su perfección, a pesar de lo dicho anteriormente. Logra un equilibrio excepcional entre el contrapunto y la armonía. Este equilibrio que mostrará el camino a Bach. Sus mejores obras son Misa del papa Marcelo.

La región de Venecia iba por otro lado distinto. El flamenco Adrien Willaert que fue maestro de capilla allí y produjo una gran obra bien considerada en su época. Cyprien de Rore fue su sucesor que continuó con la obra de Willaert así como el veneciano Andrea Gabrieli.

La exitosa polifonía francesa del siglo XV fue perdiendo fuelle ante el empuje del madrigal italiano aunque se siguió componiendo este tipo de música. Ejemplo de ello fue el francés Costeley que tuvo una larga producción en su obra sobre cuatro voces. A pesar de ser muy criticado por su composición sobre estilos ya casi caducos, otros grandes compositores del futuro le tendrán en cuenta.